La vocación no es algo que tú inventas, es un
tesoro que encuentras. No es el plan que tú elaboras para tu vida, sino el
proyecto que Dios te propone y te invita a realizar. No es principalmente una
decisión que tú tomas, sino un regalo que recibes, una llamada a la que
respondes.
Encontrar tu vocación es todo un reto; difícil, sí,
pero de ninguna manera imposible.
Si con sinceridad te pones a buscar la voluntad de Dios y sigues los siete pasos, podrás hallarla
Si con sinceridad te pones a buscar la voluntad de Dios y sigues los siete pasos, podrás hallarla
- Oración
- Dialoga con tu director espiritual
- Percibe
- Infórmate
- Reflexiona
- Decídete
- Actúa
De muchos modos Dios Padre te está revelando el
proyecto que tiene para ti y la manera como quiere que colabores en la
construcción de su Reino.
Tomar tal decisión es difícil. Sentirás miedo. Tus limitaciones te parecerán montañas: El mismo profeta Jeremías, al conocer lo que Dios quería de él, dijo excusándose: « ¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho» (Jr 1,6). Se valiente responde como Isaías: «Aquí estoy, Señor, ¡envíame!» (Is 6,8), o como María: «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38)
Una vez tomada la decisión, ¡lánzate! No te dejes vencer por el miedo, lánzate con todo y con miedo. Pon los medios necesarios para realizar lo que has decidido. Resiste a la tentación de posponer tu ingreso al monasterio: «Te seguiré, Señor; pero déjame primero…» (Lc 9,61).
Él es quien está más interesado en que tú encuentres tu vocación y seas feliz.
Por eso, haz oración, dialoga con tu director/a espiritual, percibe, infórmate, reflexiona, decídete y actúa.
Tomar tal decisión es difícil. Sentirás miedo. Tus limitaciones te parecerán montañas: El mismo profeta Jeremías, al conocer lo que Dios quería de él, dijo excusándose: « ¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho» (Jr 1,6). Se valiente responde como Isaías: «Aquí estoy, Señor, ¡envíame!» (Is 6,8), o como María: «Hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38)
Una vez tomada la decisión, ¡lánzate! No te dejes vencer por el miedo, lánzate con todo y con miedo. Pon los medios necesarios para realizar lo que has decidido. Resiste a la tentación de posponer tu ingreso al monasterio: «Te seguiré, Señor; pero déjame primero…» (Lc 9,61).
Él es quien está más interesado en que tú encuentres tu vocación y seas feliz.
Por eso, haz oración, dialoga con tu director/a espiritual, percibe, infórmate, reflexiona, decídete y actúa.
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